sábado, 6 de febrero de 2016

Carta al Rvdo. D. Gabriel Bastida tras su defunción por Pedro Martínez Vigueras

Los que tenemos certeza de que el Cielo existe, tenemos muy pocos detalles acerca de él. Es un lugar francamente misterioso, pero al mismo tiempo, anhelado por todos. El Cielo es, en lo más profundo de nuestro ser, esa llama de esperanza que, por mucho que nos empeñáramos en negar, en el fondo nos daría miedo que se apagase.
Del Cielo si sabemos una cosa, en este hay una enorme y bonita coral. El llamado Coro Celestial al cual uno, cuando allí llega, puede sumarse para cantar junto a los Ángeles y a los Santos las maravillas de Dios. Una eterna alabanza a nuestro Señor. Una música divina, de sensibilidad y calidad insuperable. Los temas más agradables para el oído jamás conocidos.
Pues bien, sabemos de buena tinta, que hoy está rellenando la solicitud de la inscripción a esta bendita coral una de las personas más importantes de nuestras vidas. Un padre, un hermano, un segundo padrino, un tutor, un paciente maestro de canto, un extraordinario compañero de muchos viajes y peregrinaciones. Un buen consejero, un apoyo en las malas y en las peores. Un gran maestro de ceremonias y organizador de las mejores y originales fiestas. Un buen músico amante de a buena música. Un monitor de niños. Un sacerdote como los hay pocos, del cual, no alguno, sino todos ellos deberían tomar como ejemplo para ejercer su ministerio, un sobresaliente director espiritual. Uno que hablaba claro. Un hombre humilde y sincero. Un hombre que era justo, es decir, que caía como todos caemos, pero que cada vez, se volvía a poner en pie. Un cofrade de los pies a la cabeza, un nazareno de los de verdad, una persona enormemente servicial que siempre miraba por los demás. Alguien que pasó por esta vida, amando, ayudando y haciendo el bien.
Hoy está rellenando esa solicitud este AMIGO nuestro, al cual solo podemos decir GRACIAS, y agradecer a Dios el detalle que tuvo de concedernos que compartiera su vida con nosotros durante tantos años llenos de bendiciones. Para todos los que estuvimos con él, especialmente en esta última etapa de su enfermedad, él fue una LECCIÓN de FE.
Sabemos que está emocionado, esperando a que en cualquier momento le confirmen su ingreso en este coro tan singular.
Es cierto que los que tuvimos la suerte de cantar contigo sabemos que, dentro de la música, cantar no era precisamente tu fuerte, algo que con tu constancia, estudio y trabajo conseguías superar notablemente. Aunque sabemos que el órgano se te daba mejor y no sabemos si habrá o no habrá uno en el Cielo, tu estate tranquilo, seguro que por currículum musical y por lo cabezota que eres te admiten enseguida, y no solo eso, cuando vean lo aplicado que eres y el entusiasmo y la devoción que le pones, te propondrán para subdirector de este coro angelical con que llevas toda una vida soñando.

Y te pedimos solamente, como amigos tuyos que te quieren, con plena confianza, que mientras cantas no te olvides de rezar por los que seguimos por aquí, confiando en que algún día nos volvamos a encontrar.
Gabi, hasta siempre.

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